Profesionales: Montse Mascaró

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Hace una soleada pero gélida mañana de invierno en Vilafranca del Penedès. Montse Mascaró, maestra destiladora y tercera generación familiar en el negocio del vino y los destilados, me recoge en la estación. Imagino el viento barriendo las viñas que rodean al pueblo, aunque Vilafranca -ley de vida- se ha ido expandiendo y no responde ya a imágenes bucólicas que nos inventamos los urbanitas. «Tenemos la destilería a las afueras», me cuenta «aunque antes esto era campo». La empresa familiar lleva desde principios de siglo XX comerciando y produciendo vinos. El día de mi visita, la planta está en funcionamiento; y eso no es algo que ocurra todo el año. «Trabajo hay todo el tiempo, pero la destilación sólo se hace durante unas cuantas semanas. Cuando no estamos destilando, toca ponerse con las viñas, la bodega, el laboratorio, las tareas administrativas y comerciales. Esto es como una granja; pocas vacaciones«. Mascaró estudió Ingeniería Agrónoma («que, bueno, algo que ver tiene») y se puso al frente del negocio en 1997, aunque llevaba desde la adolescencia ayudando en diferentes tareas, y principalmente en la elaboración del cava.

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Mascaró me cuenta la historia de su familia; que también es -y, al tiempo, no es- la historia de otras destilerías de la zona, prósperas antes de la Guerra Civil, pero progresivamente desaparecidas por un cúmulo de razones: el propio conflicto, la desaparición de la venta a granel de destilados, los cambios del mercado… De 185 destiladores en 1930, en la actualidad la Unió de Licoristes de Catalunya tiene 25 socios. En Vilafranca, a menudo la reconversión llegó por la concentración de marcas o por la elaboración de vinagres… o no llegó en absoluto.

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No fue el caso de los Mascaró:  han apostado por ir ampliando y creciendo, pero con calma y sin perder el norte. «Hemos probado cosas que nunca verán la luz, como la ratafía. Apostamos por hacer bien lo que sabemos hacer». En sus brandis, esto pasa por emplear el método charentés (por el departamento de La Charente, en el que se elabora el Cognac), con doble destilación en alambique de cobre con serpentín y largo envejecimiento en bodega. «La calidad es una suma de calidades», afirma con orgullo Mascaró, «y somos puntillosos ya desde los mostos que nos llegan. Creemos que, incluso destilando, se pueden detectar los tonos sulfurosos, que un mal mosto no puede hacer un buen brandi. Trazamos el origen de todas las partidas que empleamos (la mayoría, de producción propia) y ensamblamos al final, después de que envejezca hasta tres años». La destilería es pequeña y no se asemeja en nada a grandes monstruos industriales con altísimos alambiques de columna, ni salas de exposiciones creadas por arquitectos de renombre. Una butaca y una televisión en un rinconcillo son testigos de un proceso con muchas horas muertas en el que hace falta estar siempre al pie del cañón, para probar con el ojo, el paladar y el olfato del destilador.

IMG_6640Acabamos la visita con una cata de algunas de las expresiones del brandy y de algunos otros destilados y licores de la marca., que busca rejuvenecer en parte su consumo, al que muchos consumidores llegan rozando la mediana edad. Además de sus expresiones más clásicas, pruebo también el Narciso, pensado para coctelería, muy sutil y delicado -casi todo de uva Ugni Blanc con un pequeño refuerzo de Charel 10 Xarel·lo- y un destilado de cacao creado en colaboración con el chocolatero Enric Rovira, que ni es licor, ni tiene notas achocolatadas ni casi dulces, lo que lo hace tan agradable como complicado. También, y éste resulta ser mi favorito, un licor de naranja según la fórmula antigua de 1946 (y a partir de la destilación de pieles de naranja dulces y amargas, y no de su maceración en brandy o cognac). Es una bebida muy llena de matices, llamémosle, a falta de un palabro mejor, tridimensional. Fuera, en la calle, el viento sigue soplando inclemente pero éste es el sabor que me acompaña mientras espero el tren, como la esencia de la tierra, el verano y el sol. Pero me acompañan la naranja y uva. Los espíritus del lugar.

1º Concurso GCC (Ginebra Con Cosas) al cóctel más barroco

patos 3Chanchanchán, anuncio de concurso: Sabemos que Ginebra Con Cosas no es Gin&Tonic, sabemos que el minimalismo está muy bien, pero que la primera imagen que nos viene a la cabeza cuando se nos dice la palabra «cóctel» es una torre de Babel de sombrillitas, bengalas, cardamomo y verduritas. Siguiendo la estela de otros insignes concursos (amiga Biscayenne: has creado escuela), desde este blog hemos decidido reivindicar esa versión potable de las figuritas de toros y flamencas que son los garnishes o decoraciones demasiado rebuscados. El historiador de la coctelería David Wondrich dijo que «un cóctel sin decoración puede tener su propio encanto».

Ja.

Que vengan a decírnoslo en el país del barroco churrigueresco, Gaudí y los decorados de Tele 5, hombre. Así que sin más dilación, éstas son las bases (revisables en cualquier momento, que este blog es para algo una teocracia).

1. Se establecen tres categorías de premio: Gin&Tonics, Otros cócteles y Profesionales.

2. La categoría Gin&Tonic premiará al combinado de ginebra y tónica más hortera y descabellado. Se valorará el atrevimiento en la decoración, el uso productos de la huerta (o de la tienda de los chinos) y, en general, la pretensión en la presentación.

3. Otros cócteles: lo mismo, pero para otros cócteles. ¿Fácil, no?

4. Profesionales. Las otras dos categorías se reservan estrictamente a bartenders aficionados. En esta categoría podrán participar profesionales de la coctelería.

5. Participación: para tomar parte en el concurso hay que enviar una foto del cóctel candidato antes del 1 de mayo de 2015 a unaodoscopas @ gmail . com (sin espacios), especificando nombre, en qué categoría se participa, y, en el caso de los profesionales, nombre del establecimiento o empresa. También deberá adjuntarse la receta.

6. Premios y jurado. Ambos se anunciarán en el futuro, pero como las meigas, haberlos, haylos (¡hola, patrocinadores, mirad qué oportunidad tenéis más guapa de quedar como una marca enrollada, moderna, y con sentido del humor!).

7. Avisos legales y demás: Si nos mandáis la foto, se supone que es porque nos dejáis publicarla aquí y en el resto de nuestras redes sociales, y facilitarla a algún medio que nos la pueda pedir. ¿Lógico, no?. Para el resto de cosas renunciáis a vuestra alma inmortal no os agobiaremos demasiado.

 

 

 

Fiesta presentación Una o dos copas / Cocktails perque sí

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Cualquier excusa es buena para hacer una fiesta, pero la apertura de un nuevo blog de coctelería quizás sea una de las mejores, así que el jueves pasado nos reunimos para tomar -ejem- una o dos copas con un grupo de buenos amigos de este blog. El sarao, que hicimos a medias con la gente del catering de coctelería Cocktails perque sí, hizo que nos juntáramos unas cuarenta personas entre familia, allegados, prensa o intersecciones de todo ello en la tienda de vinos La Vinícola de Barcelona. Allí disfrutamos de una tarde de cócteles y gastronomía, en la que pudimos probar varios combinados maridados con los quesos artesanos de Asturias País de Quesos. Las crónicas de sociedad en los periódicos ingleses solían terminar con la fórmula «and a good time was had by all» («y todo el mundo lo pasó bien»), y creo que, a la luz de las caras que aparecen en las fotos, se puede afirmar esto sin faltar a la verdad. Podéis ver la galería completa visitando nuestra página en Facebook.

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Pero, diréis, «¿qué interés tiene para mí una juerga corporativa? ¿Por qué eres tan mala, Mar, como para hacernos los dientes largos?». Pooooooorque -no todo va ser crear envidia- tenemos para compartir con vosotros las recetas de algunos de los combinados que se sirvieron, tres recetas como tres soles que os podréis preparar vosotros mismos y que -están probadas y comprobadas- funcionan muy bien para servir a grupos. Eso sí, también tuvimos bebidas sin alcohol por gentileza de Fever Tree, que puso los mixers, y de Cuckoo Fruits, que nos ofreció sus excelentes zumos.

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Gin basil smash

5 cl de Nº3 GIN

6/8 de una lima

3 cl de jarabe de azúcar.

5 o 6 hojas de albahaca.

Exprimir los trozos de lima en el vaso con la mano de mortero. Añadir el jarabe.  Majar la hojas de albahaca sin llegar a romperla. Rellenar el vaso con hielo pilé. Añadir los 5 cl de Ginebra y volver a mezclar con la cuchara mezcladora. Dar el toque final con el sifón.

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Raspiroska

5 cl de Purity Vodka

7,5 cl de puré de frambuesa

2 cl de zumo de lima

2 cl de jarabe de azúcar.

Una ramita de menta.

En un vaso ancho tipo “Old Fashioned” (el que te imaginas usando a Don Draper) añadimos todos los ingredientes. Llenamos el vaso con hielo pilé y mezclamos con una cuchara. Decoramos con una ramita de menta.

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Ron cooler

6 cl de Ron Botran 8

1,5 cl de zumo de limón

1,5 cl de azúcar líquido.

Ginger Ale Fever Tree (20cl)

Twist de naranja

En un vaso ancho tipo “Old Fashioned” añadimos de dos a tres hielos, y el resto de ingredientes, a excepción del Ginger Ale. Mezclamos con una cuchara mezcladora o “barspoon”. Vertemos con cuidado el Ginger Ale y volvemos a mezclar suavemente para no romper la burbuja del Ginger Ale. Decoramos con un twist de naranja.

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Una tarde estupenda en un local estupendo y con una compañía estupenda. La Vinícola es una tienda de vinos que pone un gran énfasis en los de la Cataluña Norte (o de la Francia Sur, según se mire), y que gentilmente nos cedió su espacio para la fiesta y para un pequeño taller que hicimos previamente para los amigos de la prensa. De él no quisiéramos avanzaros demasiado -excepto que, si hay algún restaurador en la sala, descubrimos una combinación entre un cóctel de mezcal Alacrán, el Compadre, y el queso Peña Blanca de Castellón que creemos que merecería entrar YA en alguna de carta de postres de un restaurante- porque pronto tendréis más noticias acerca del mismo. También os contaremos alguna primicia más que anunciamos a los asistentes: manteneos en sintonía porque el jueves os voy a hacer una propuesta que no vais a poder rechazar. Pero hoy, sólo dar las gracias a todo el mundo una velada magnífica, de la que sólo queda celebrar la asistencia de quienes acudieron, lamentar las ausencias, y agradecer la inestimable colaboración a todos cuantos contribuyeron a hacer un éxito de ella.

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Con la madre de la artista, quien se bebió dos coctelazos, dos. Al fondo, vigilándola, mi hermana.

Receta: Bamboo

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Bamboo de mi casa.

Creo que ya he mencionado en alguna ocasión que me chiflan los cócteles que utilizan vinos de Jerez, y el Bamboo es uno de los que más me pido o preparo yo misma. Recientemente, lo pedí en el 1862 Dry Bar de Madrid. Tomé otro en el Gimlet de Barcelona. Y en casa es de los habituales, primero porque tiene un contenido alcohólico tirando a bajo, y segundo porque tengo una pared del comedor empapelada con bambú y las fotos quedan muy resultonas, oye.

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Bamboo del Gimlet

El Bamboo es un cóctel que, se cree (como casi siempre en coctelería) que nació en Japón a finales del siglo XIX o principios del XX, y que habría sido obra de Louis Eppinger, bartender del Grand Hotel de Yokohama. O no. Eso es lo que afirma William Boothby en su libro «The world’s drinks». Otras versiones lo atribuyen a una canción de moda en 1902, «Under the bamboo tree», de Bob Cole. El primo hermano del Bamboo es el Adonis, que cambia el vermut seco por el dulce. Sin embargo, la versión de Stuart Thomas en «Stuart’s Fancy Drinks and How To Mix Them» utiliza vermut dulce. David Wondrich, que es el historiador al que hay que acudir en estos casos, dice en su libro «Imbibe!» que la versión correcta es la que lo atribuye a Eppinger, de quien cuenta muchas anécdotas. Wondrich afirma también que la receta corría ya por la Costa Oeste de Estados Unidos, y que en 1893 ya había un muy parecido «Boston Bamboo» en los salones de la Costa Este. ¡Y todo esto sin entrar a debatir siquiera qué tipo de Jerez debe usarse! ¿Con una explicación tan poco embrollada, quién no se daba a la bebida? ¡Gracias por tanto, Bamboo!

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Bamboo del 1862 Dry Bar Madrid. No, no estoy obsesionada. Qué va.

Bamboo (una receta tan canónica como es posible)

45 ml de vermut seco

45 ml de amontillado

2 golpes de bitters de naranja

2 gotas de Angostura

Un twist de limón

Enfriar los cuatro primeros ingredientes removiéndolos con hielo en un vaso mezclador. Servir en una copa de martini o un vasito enfriado. Pasar el twist por el borde de la copa para aromatizarla y tirarlo dentro.

Madrid Fusión o el descubrimiento de la laringe

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[…] un día me dejé caer en el consultorio de mi médico con dolor de garganta. Me toqué la nuez y los tendones a los lados del cuello, y le pedí consejo experto. -¿Sabes qué tienes?- preguntó el doctor. – ¿Qué? -¡Descubrimiento de la laringe! – graznó- Tómate una aspirina. ¡Dos dólares, por favor!

– Ray Bradbury. «Zen en el arte de escribir».

Vuelvo de Madrid Fusión con la extraña sensación de que el mundo de la gastronomía se ha descubierto la laringe. O lo que es lo mismo: que ha descubierto la existencia de la coctelería. Lo digo sobre todo a cuenta de la tan cacareada ponencia de Dabiz Muñoz a cuenta del vino, que puso los pelos de punta a unos cuantos simplemente por aplicar al vino el mismo tratamiento que se ha dado a cualquier otra bebida alcohólica. Que tampoco es una idea nueva -por ejemplo, el amigo Bruno Tannino la viene propagando desde tiempo ha- pero que aún así ha provocado úlceras y sarpullidos entre los que saben. Yo sí estuve en la famosa ponencia -o al menos en la mitad, porque la ley de Murphy hace que suene el teléfonocuando suena por motivos laborales – y aunque no compro algunos de los aspectos formales de la misma (lo de darme vino a cucharadas, mira, no hay tanta confianza), sí que me pareció que sus presupuestos teóricos son muy válidos. Como en todo este tipo de debates, parece que abogar por una nueva vía implique la abolición de la vieja, lo cual además de maniqueo es falso. Una vez me dijo un bartender que en coctelería se pensaba cómo construir a partir de los ingredientes, mientras que en vinos se pensaba en términos de prescripción. Y que ambas no eran formas incompatibles de ver el mundo. Así que no acabo de entender todo el revuelo. Quizás sea que hay cosas que se permiten siempre  y cuando no se verbalicen en voz alta («¡uy, sí, dignifiquemos la sangría, pero no en un restaurante serio!») o que haya algún tema de animadversión personal en todo esto, que ya sabemos que en un país tan poco dado a las envidias como España no ha ocurrido ni ocurrirá nunca, claroooo. Pero si hemos aceptado la vía posmoderna de deconstruir la gastronomía que inició Adrià, su lógica consecuencia es la caída de la dicotomía plato/copa (o mejor dicho: de la categoría comida/bebida), mediante la aplicación de técnicas culinarias a la bebida. Es decir, mediante, ejem, la coctelería.

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En cualquier caso, implícita o explícitamente, como laringe o como dolor de garganta, la coctelería estuvo muy presente este año en Madrid Fusión.  La vimos también en la ponencia de fluidos supercríticos de Mario Sandoval, quien contó su experiencia trabajando con los científicos de ISIC para desarrollar esta técnica, que permite extraer las notas olfativas de cada producto sin «matar» sus cualidades a través de un proceso mediante presión y temperatura controladas. Mario Sandoval y su bartender Miguel Pérez presentaban esa noche su libro de cócteles y tapas, pero la invitación de su editorial debió «perderse». Sí, seguro que fue eso… En cualquier caso, nos hicimos con una de las muestritas de aceite de trufa no sintético que repartieron durante la presentación y en breve la probaremos.

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También estuvo Tony Conigliaro, de 69 Coolebroke Row, para presentar junto a Andoni Luis Aduriz la web Foodpairing. Conigliario – si eres lector de este blog posiblemente ya lo sepas- es uno de los máximos investigadores en coctelería. No quiero extenderme mucho sobre él, porque le hice una entrevista que publicaré próximamente, pero sí decir que me pareció muy interesante la idea de Foodpairing. Esta web sistematiza de un modo científico todo lo que sabemos sobre armonías de sabores y olores, analizando los componentes olfativos de cada producto y buscando otros similares, lo que abre la puerta a combinaciones inesperadas, y a lo hace, además, de una forma sistemática. Aduriz y Conigliaro casaron un cóctel clásico con un plato innovador y viceversa. El cóctel innovador llevaba amontillado y casi me pongo a hacer la ola yo solita al verlo.

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Pero los cócteles estuvieron presentes en muchos otros espacios: en el el Taller que impartió David Ríos; en los de licor de Calamansi que se ofrecían en el stand de Madrid Fusión Manila (muy tiki ellos); en los de ignotos restaurantes finlandeses que, de repente, los metían en su ponencia; en la de muchas marcas que ofertaban su producto. La distribuidora Maxxium con su oferta premium nos hizo una pequeña cata del portfolio; y ofreció varias demostraciones centradas en The Macallan a cargo de la gente de Fizz Bartenders, quienes prepararon un cóctel ahumado. El Gaitero propuso a través de la gente del bar Varsovia de Gijón una serie de combinados con su sidra achampañada Pomarina, entre los que destacaba el La Ría, con whisky Talisker y puré de oricios;  y Navarra Reyno Gourmet -ejemplar empresa pública de promoción gastroturística- le echaba Patxarán al mojito (una combinación que, como tal, no me gustó demasiado: aunque valiente, creo que  le hubiera venido mejor armonizar con sus notas amargas). Stands con mixers, aguas con sabores, tónicas, refrescos de incierto futuro, señores gallegos que se hacían su orujo de frutas en el salón de casa y como es habitual en todo congreso gastronómico, cazadores de gintonics y croquetas, que descendían como lobos hambrientos sobre la feria desde primeras horas de la mañana (y eso que se supone que son profesionales del tema). Al final, un congreso siempre es una mezcla extraña en la que uno termina exponiéndose a nuevas ideas, reencontrándose con viejos amigos, haciendo contactos inesperados y, casi siempre, teniendo que curarse un traicionero dolor de garganta: el descubrimiento literal de la laringe.

Proyecto de fin de semana: declinaciones

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A mí no me echaron droja en el cola-cao, sino bitters de chocolate.

No, no hablo de las declinaciones del latín. El proyecto de fin de semana, niños y niñas, consiste en ver cómo una fórmula base de cócteles puede transformarse de distintos modos. Vamos a descubrir cómo variando un destilado de una receta (y a fe que la elegida es más simple que el mecanismo de un botijo), conseguiremos tener un montón de cócteles más en nuestro repertorio. No lo he comentado antes, pero si estáis llevando a cabo este Cuaderno Vacaciones Santillana de la Coctelería que os voy proponiendo cada dos semanas, no estaría de más que os comprarais una libretilla en el Todo a Cien para ir apuntando progresos y experimentos. Me encuentro a menudo que en casa improviso cócteles (o los saco de ignotas páginas de internet) y luego no sé cómo repetirlos. Que no os pase a vosotros.

El proyecto consiste tomar una de las fórmulas más básicas de la coctelería del mundo mundial e ir tocarla ligeramente. Y ya está. No hay manera de aprobar o suspender este ejercicio. Se trata de comparar y disfrutar. Sin más. Y de aprender así qué efecto produce cada ingrediente sobre el conjunto final. Comienza siempre por el primer ingrediente indicado en cada lista, y no añadas ingredientes opcionales en la primera tongada. ¿Qué matices cambian de una vez a otra? ¿Qué prefieres ¿Cómo se te ocurriría alterarlo? ¿Y si cambiamos la temperatura o la copa o el líquido con el que diluimos el alcohol?

El Hot toddy

Ideal para los días de invierno, el Hot Toddy nos remite a la prehistoria coctelera, cuando un combinado no era un copazo para después de cenar, sino un tónico para mantenerse en pie de buena mañana.

1 cucharadita de azúcar / sirope de ágave / caramelo / almíbar / mermelada de naranja

120 ml de agua hirviendo

60 ml de brandy / whisky / bourbon / ron dorado

Opcionales: un pedazo de corteza de limón (se dice «twist», como en «estoy muy twiste») / un clavo de olor / un trocito de canela / unas gotas de Angostura u otro tipo de bitters / todo ello.

Deshaz el azúcar con la mitad del agua en una taza. Añade el destilado. Añade el resto ingredientes. Entra en calor.

Bares: 1862 Dry Bar, Madrid

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Jerry Thomas. En tus manos encomiendo mi espíritu.

El 1862 Dry Bar era el uno fijo en mi quiniela coctelera durante mi visita a Madrid Fusión. Me lo habían recomendado propios y extraños, lo avalaba el premio a Mejor Bar de 2014 en FIBAR y me intrigaba su proyecto, decididamente, llamémoslo, backwardista. Cantaba Raimon que quien pierde los orígenes pierde la identidad, pero ¿qué hacer en un país que tiene un pasado coctelero perdido o que quizás ni siquiera existió nunca, más allá de unos pocos nombres? Nos ha llegado la revolución de la coctelería de vanguardia cuando aún íbamos poco menos que en boina (exagero, pero no tanto: preguntadle al no aficionado qué combinados conoce y saldrán los tres de siempre), pero si hay una parte de la gastronomía que se presta a la divulgación, probablemente se trate de los cócteles. Un retrato enmarcado de Jerry Thomas preside la barra a modo de altarcito pagano. De 1862 es su How to mix drinks or The Bon Vivant’s compendium (el recetario pionero de la coctelería como disciplina), pero también el de la construcción del edificio que alberga el 1862 Dry Bar. Alberto Martínez es uno de los fundadores del negocio y me cuenta que la apuesta por la coctelería clasiquísima partió un poco de la necesidad. «Yo soy ingeniero y me quedé en paro. No tenía apenas formación como bartender. Trabajaba en una tienda de destilados que había delante de este local, y cuando quedó libre lo cogimos y lo estuvimos acondicionando durante año y medio. Los cócteles clásicos nos parecían más sencillos, porque son apenas destilado, agua, azúcar y bitters, por su origen medicinal. Pero claro, si el destilado no es bueno, si la proporción no es correcta, no puedes esconderte detrás de nada». Ahora mismo la carta del 1862 Dry Bar es un ABC de los nombres clásicos. Pero destaca tanto por las presencias como por las ausencias. «Evitamos deliberadamente incluir mojitos y caipirinhas o tener carta de gin tonics o destilados demasiado reconocibles. Creemos que nuestra función no es sólo poner líquido en un vaso; queremos hablar con el cliente y explicarle cómo y por qué. Si te intimida la coctelería y sólo reconoces el nombre de un cóctel ése es el que te pedirás toda la vida. Pero si te lo explican se abre en un mundo». Han llevado el concepto aún más allá con el Hidden Menu, una carta de clásicos que meritan cierta calma, y que sólo sacan cuando el bar está tranquilo (y que hizo que la pequeña nerd que llevo dentro pusiera ojos como platos).

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Bamboo impecable del 1862 Dry Bar

La vertiente divulgativa de 1862 Dry Bar va más allá en algunos de los eventos que organizan en domingo, y que congregan a muchos de los bartenders de Madrid. Algunos giran entorno a un ingrediente -por ejemplo, los vinos de Jerez-, en otro un guest bartender muestra lo mejor de su trabajo (recientemente estuvo la gente de The Dead Rabbit NYC; en otra ocasión se recreó Le Cabrera después de la salida de Diego Cabrera del mismo). Pero no todo es mirar atrás. En la carta van tomando su lugar nuevos combinados con vocación clásica. «Si estuviéramos en Nueva York o en Londres», comenta Martínez, «estos ocuparían más de la mitad del menú, pero en España partimos de un mayor desconocimiento. Aquí no ha existido la costumbre de ir a tomar cócteles con nuestros padres o tíos, y en Madrid, además, hay mucha menor tradición histórica que en Barcelona. Exceptuando a Chicote y unos pocos bares más, no ha habido casi locales donde formarse trabajando como bartender. En Barcelona, en cambio, muchos de los profesionales que están ahora detrás de una barra han pasado por Boadas o por el Ideal o han estado con [Manel] Tirvió. En Madrid esto no ha ocurrido». Y en 1862 Dry Bar han sabido hacer de esta carencia su oportunidad: una mirada al pasado cargada de futuro.

1862 Dry Bar – C/ del Pez 27. Madrid.

Aplicaciones de coctelería para móviles (I)

IMG_6741Aviso para navegantes: cuando digo «aplicaciones de coctelería para móviles» quiero decir para iPhones. Vendí mi alma (y otras partes de mi cuerpo menos confesables) a Apple años ha y no tengo acceso a móviles de otros sistemas. Eso sí, cuando sepa que la app está disponible para ellos así lo indicaré. Otrosí, en esta selección no están todas las que son. Hoy en día muchííííííííííííísimas marcas grandes de destilados tienen app propia, y circulan otras tantas gratuitas, así que esto no es más que un aperitivo – de ahí el (I) del título del post- de las que me han parecido curiosas o destacables por alguna razón y que he podido probar.

MixologistCuando comencé a escribir este post era mi aplicación de cabecera, por su facilidad de uso, su amplia base de datos (casi 8.000 recetas), sus prestaciones (función de búsqueda de bebidas con lo que tienes en casa, selección de medidas, etc) y su precio ajustado. Pero si escribo «era» es porque intenté actualizarla para tener capturas de pantalla de la última versión. Y no hay manera de que arranque (mi iPhone está un poco vejete y es probable que no sea culpa de la app sino de la obsolescencia planificada sus achaques). En cualquier caso, la sigo recomendando, aunque sugiere instalar primera su versión lite, Mixology, cuya principal diferencia es la presencia de publicidad. Y si decidimos subir a la versión premium, su euro de coste no nos va a desdinerar. Disponible para Android.

IBA cocktails. Pues eso mismo, los cócteles de la International Bartender Association, con sus medidas oficiales y clasificados en las mismas categorías. Ideal para acabar con la clásica discusión de sobremesa cuñada de «esto lleva tantos mililitros». Su interface es casi calcado al (que yo recuerde) de Mixologist, y nos indica el tipo de vaso que debemos utilizar, nos permite marcar favoritos y buscar siguiendo varios criterios. Considerando que es gratuita, no nos parece nada mal. Disponible para Android.

Gaz Regan’s 101 Best new cocktails Es cara, pero vale cada céntimo que cuesta. Cada año, Gaz Regan (bartender, escritor, divulgador y personaje de la coctelería) escoge entre miles de propuestas de todo el mundo lo que él considera que son los mejores cócteles del año. La selección, que antes se presentaba en formato libro, llega ahora en forma de una app tan cuidada que debería ser un ejemplo para la industria editorial en cuanto a recetarios. Con explicaciones largas y cuidadas sobre los ingredientes, los criterios de selección, cambios y sugerencias de las recetas, toma el pulso de lo que se está haciendo ahora en bares de todo el mundo (aunque sin renunciar a sus gustos personales: de vez en cuando carga contra todo lo que huela a dulzón, de colorainas o artificioso). Permite, además, identificar qué cócteles podemos llevar a cabo con lo que tenemos en casa, y señala también aquéllos para los que nos faltan uno o dos ingredientes. Con el mismo diseño, también es altísimamente recomendable (y similarmente cara) la app Martin’s Index of Cocktails, que indexa un buen número de los libros clásicos de coctelería y ofrece sus recetas. Aprovechando que se trata de recetarios ya en el dominio público (ahora mismo se está acabando la vigencia de los derechos de autor de los de, más o menos, el fin de la Prohibición), esta app nos permite elegir incluso por año. Aunque atención: como sus mismos autores advierten, no todos los cócteles que proponen son buenos simplemente por ser antiguos. Es un placer sentarse a leer -y luego levantarse a mezclar- los cócteles que presenta, e imaginar cómo pensaron los pioneros del tema. Casi como tener a Jerry Thomas a tu lado, aunque con menos estilazo.

 

Vodka tonics en el Slow Barcelona

IMG_6704No debería confesar esto, pero al oir que el Slow, una de las coctelerías que más frecuento de Barcelona, hacía de los Vodka Tonics el eje de su nueva carta y de la celebración de su cuarto aniversario, mi primer gesto estuvo a medio camino entre el facepalm y la señal de la cruz. No es ningún secreto que el vodka no es mi bebida favorita (y que posiblemente no estaría siquiera en el Top 10), y que estoy algo cansada del Gin Tonic (con lo que yo había sido). Pero el peor enemigo del periodismo es la falta de humildad, el ir a los sitios pensando que sabes qué te vas a encontrar. Yo esperaba una carta con varios «perfect serve» o ideas para el consumo -que los hay, más sobre ellos en un momento- pero no un concepto modular que te permita construirte tu bebida a tu modo, como si fuera una estantería de Ikea, elegido entre vodkas, tónicas y aderezos variados, en casi todos los estados de la materia.

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«En el fondo, la ginebra no deja de ser un alcohol infusionado con hierbas, a la que luego añadimos más botánicos en un Gin Tonic» cuenta Paco Bretau, el alma del Slow Barcelona, «pensé ‘¿y si comenzamos con una base neutra, el vodka, y construimos la bebida a partir de ahí?'». La idea es acercarse al público que bebe Gin Tonic pero que quiere ir un paso más allá -¿de qué me suena a mí esto?- y echarle algo de creatividad a su bebida (pero sin correr el riesgo de empujarlos sin flotador a la piscina de los combinados). «Un 50% de mi trabajo no depende de la bebida en sí, porque es hacer que el cliente se sienta bien», explica Bretau, «no me corresponde a mí cuestionar sus decisiones. Aunque es evidente que algunas combinaciones funcionan mejor que otras, y por eso las hemos listado.» Mis compañeras de barra pidieron uno con pera caramelizada, muy goloso de beber. Yo opté por el Zubrowka (que tiene unos interesantes tonos herbáceos por su contenido de Hierochloe odorata o «Hierba del bisonte» (porque es lo que comen los pocos bisontes europeos que quedan en Polonia). Bretau lo aromatizó con limón, en lugar del zumo de manzana tradicional con el que se combina en su país originario. Una bebida sencilla y muy disfrutable, y una carta de vodkas, esencias, especies, frutas y tónicas que permiten una combinatoria suficiente como para no aburrirse jamás. Una buena idea para ir creando afición a los cócteles y para salir de la zona de confort a la hora de pedir.