Libros: DIY Cocktails

Antes de explicar todas las razones por las que me gusta este libro (y son muchas) quiero contar también las cosas que no me gustan de él. No me gusta su maquetación cuqui, ni sus tipografías cursis, ni sus colorainas. No puedo, nopuidor, no way José. El resto, me encanta. Compré DIY cocktails, de Marcia Simmons y Jonas Halpren, hace un par de años, cuando hice el curso de bartender básico. Como parte del examen final, teníamos que crear un cóctel original. El problema es que yo no sabía por dónde empezar. Aunque durante el curso se nos habían explicado las técnicas básicas y, nos pasaron las recetas más conocidas, aquello sólo me servía hasta cierto punto. Todos tenemos en mente lo que esperamos de un arroz caldoso, o de un asado, o de un pastel, pero yo tenía la sensación de conocer las familias, la gramática de los cócteles, de no saber cómo construirlos desde cero. Sabía por ejemplo de dónde venían los vermuts y los amargos, pero no qué función desempeñaban en cada tipo de bebida. Y aunque luego he encontrado otros libros donde se explicaban las familias básicas (los fizz, slings, etc) y las permutaciones que, por ejemplo, convierten en primos hermanos el Sidecar y el Margarita, DIY Cocktails ha sido uno a los que siempre acudo cuando quiero improvisar un combinado sobre la marcha. Porque entre las grandes virtudes del libro está que divide en diez grandes grupos («tropicales», «con gas», «dulces y cremosos»…) y a través de ellos va explicando otros conceptos. Aprendemos, por ejemplo, cuatro datos básicos sobre destilados y licores; se nos enseña cómo infusionar bebidas alcohólicas y se ofrecen incluso pistas sobre cómo corregir la receta de un cóctel que nos haya quedado mal. No es pues un simple recetario, sino un verdadero manual de cómo construir un combinado desde cero. Son las ruedas pequeñas para la bicicleta que nos ayudarán a conducirla solos en poco tiempo. ¿Veis como no hay que juzgar un libro por su portada?

Veredicto Una o dos copas: Un buen libro de coctelería básico para el mixólogo aficionado, que tampoco deberían pasar por alto los profesionales principiantes y/o curiosos.

Webserie sobre coctelería Ángelus Cardenal Mendoza

La semana pasada me llegó la convocatoria a la presentación de Ángelus Cardenal Mendoza, un nuevo licor de Sánchez Romate. De la presentación y del producto en sí hablaré en un próximo post (spoiler: me pusieron detrás de la barra y, en consecuencia, en un aprieto), pero de momento me quedo con el material promocional que ha generado la marca. Se trata de una serie de entrevistas con varios bartenders y un chef. Natalia García (barmaid en Boca Chica de Barcelona, y a la sazón ganadora del Challenge Bar Chef del Word Class España 2014) conduce cada una de ellas. Aunque afirman en la web de la empresa que los ha rodado que son «de bartenders para bartenders», creo que muchas de las cosas que se dicen en ellos pueden ser de interés para los simples aficionados. Desde el uso del vino en coctelería (un tema del que habla Oscar Díaz, y con el que arrastramos un estéril prejuicio histórico en este país), hasta el del papel de las mujeres en coctelería (Ruth Rueda, con un análisis en el que coincido en gran medida), pasando por el clasicismo (Alberto Martínez, de Dry 1862, mejor bar del año en FIBAR), la combinación con los vinos de Jerez (Eloy García, de Museo del Ron-Jerez), el flair (Tupac Kirby) o la gastronomía (el topchefito Javier Estévez). Se ven en media hora, dan que pensar, y la mayoría de las recetas que proponen son asumibles: buen marketing de contenidos.

Presentación The shaker and the jigger

image Además de escribir este blog que estás leyendo, colaboro en The shaker and the jigger. Soy periodista freelance, y a veces (pocas) escribo sobre lo que me apetece, pero la mayoría toca el tema que toca, sean deportes, cotilleo, nuevas tecnologías o el Festival de Eurovisión, que la vida está muy achuchá y una es una pofessional . Es por eso que siempre me alegra cuando viene al mundo un medio nuevo dedicado a la cocteleria. Si encima colaboran en él varias primeras espadas de la mixología española, mejor aún. Y si a alguien se le ocurre pedirte que aportes tú también tu voz al proyecto se multiplican los motivos de celebración. Para su lanzamiento, mi primera contribución se llama La chica de la barra y es un artículo en el que rajo expongo mis opiniones sobre los clichés y el papel de las mujeres en coctelería. image Mal estaríamos si una nueva publicación de cócteles fuera seca, y menos cuando detrás hay una marca de destilados (en este caso, Bacardí). Así que fuimos convocados a Shoot115, un estudio de fotografía en Barcelona que se suele alquilar para fiestas y que antaño fuera una fábrica de bombonas de oxígeno para hospitales. Allí estaban Ramón Parra, Miguel Pérez (recién llegado de la feria FIBAR con el premio al mejor menú del año), Marc Álvarez, Javier de las Muelas y Jordi Baqués, además de un montón de amigos y conocidos. Bebimos (servidora un St. Germain Cocktail algo desvaído y un Whisky Sour rico, rico), nos fotografiamos agitando cocteleras boston (existe un .gif mío pero por pudor lo mantendremos en la Deep Web) y, sobre todo, nos reímos. La definicion exacta de cocktail party.

"Mira, mamá, sale luz de mi Whisky Sour, ¡es mágico!"

«Mira, mamá, sale luz de mi Whisky Sour, ¡es mágico!»

Carry on cocktail kit: porque tú también quieres ser Don Draper (aunque viajes en low cost)

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Cuando la gente que aprecias sabe que te gustan los cócteles suelen caerte encima recomendaciones de productos y servicios un tanto especiales. Por ejemplo: este Carry on Cocktail Kit, que promete ofrecerte todo cuanto necesitar para montarte un Old Fashioned aunque viajes en clase turista de cierta aerolínea irlandesa low cost que te cobra hasta por respirar.

Cuco lo es: Dentro de una latita de metal, una cuchara/machacador, una botellita de bitters, dos sobres de azúcar demerara, una tarjeta con la receta y un posavasos de lino. Y ya está. El alcohol se lo tienes que pedir tú a la azafata, y ya te apañarás con tu vaso de plástico. Y reza para que no haya turbulencias.

Veredicto Una o dos copas: Si te sobran los 24 dólares que cuesta, tienes ganas de hacer el notas en el avión emulando a Don Draper, y eres de los que piensan que el Old Fashioned se prepara sin fruta, tú mismo. Nosotros si acaso ya pasaríamos.

Pack de lujo Hendrick’s de Navidad

Hendrick´s Luxury PackComo es tradicional en estas fechas, las marcas de destilados sacan a la venta sus packs de regalo, que suelen consistir en una o dos botellas -a menudo de la expresión más premium de cada marca- acompañadas por algún objeto de regalo o decorativo. Son packs pensados sobre todo como regalos de empresa, y, lógicamente, no son baratos.

Nos llega en esta ocasión la nota de prensa -que no el pack, ¡pardiez!- del de Hendrick’s. Su precio es de 495€, hay 12 unidades a la venta para el mercado español y consta, además de la botella de la ginebra-que-marida-con-el-pepino, de un maletín de cuero, una bufanda de seda y cashmere confeccionada por el artesano Walker Slater y una petaca de cristal fabricada por sopladores de vidrio de la zona de Norfolk.

Veredicto Una o dos copas: Nuestro nivel adquisitivo no nos situaría exactamente en el target del pack, pero creemos que el día que nos casemos con un Lord puede ser un bonito regalo para él.

Los bares del impresionismo

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Irish and American Bar, The Chap Book. Henri de Toulouse-Lautrec. Litografia. 1895

Se cumplen hoy 150 años del nacimiento de Henri de Toulouse-Lautrec, uno de los pintores que mejor retrató los bares del París de la Belle Epoque. A él pertenece esta ilustración, que se utilizó en su momento para promocionar la revista americana Chap Book, y en la que aparece una de las primeras representaciones de un coctelera en una obra de arte. Se trata de una imagen del Irish American Bar, una taberna de cierto nivel que se encontraba en el 33 de la Rue Royale de París, y que era frecuentada por jockeys, entrenadores de caballos y cocheros de casas nobles (la figura en primer plano, al parecer, pertenece a Tom, el cochero de la familia Rothschild). El bartender, que aparece también en otras obras de Toulouse-Lautrec, se llamaba al parecer Ralph, y, nativo de San Francisco, era de origen chino y nativo americano.

El payaso Chocolat bailando en el Irish-American Bar. Henri de Toulouse-Lautrec. 1896.

El payaso Chocolat bailando en el Irish-American Bar. Henri de Toulouse-Lautrec. 1896.

Aunque a menudo asociamos la pintura impresionista -y en general, la del paso del siglo XIX al XX- con los paisajes, como «Los nenúfares» de Monet, lo cierto es que los artistas de la época se trasladaron a los bares, de los que les fascinaban los nuevos contrastes que ofrecía la luz eléctrica, así como el ambiente que en ellos se vivía. En ocasiones, éste se encontraba imbuido de lujo, como es el caso del Bar de Folies-Bergére, de Manet.

Edourd Manet , El bar del Folies-Bergère. Óleo sobre lienzo, 1880.

El bar del Folies Bergère. Edourd Manet . Óleo sobre lienzo, 1880.

Sobre la barra, botellas de champagne y de cerveza Bass. La inclusión de esta cerveza -la marca registrada más antigua del mundo- ha suscitado varias interpretaciones. Hay quien afirma que la inclusión de la marca inglesa obedece a las malas relaciones de Francia con la potencia cervecera de la época, Alemania, a cuenta de la aún muy reciente guerra Franco-Prusiana, o quizás a la abundante presencia de jockeys y corredores de apuestas ingleses que frecuentaban el bar, o incluso que se trate de un primigenio ejemplo de product placement. Posiblemente la camarera que aparece en el lienzo sea además una prostituta ocasional, como señalan las naranjas que aparecen junto a ella en la barra (y que Manet suele asociar a esta condición). Y es que las pinturas impresionistas y modernistas nos suelen mostrar las desoladoras condiciones de vida de la época, para las que a menudo sólo el alcohol -y, en concreto, la absenta- ofrecían la salida de un paraíso artificial frente a la miseria y la alienación del nuevo proletariado urbano surgido a partir de la revolución industrial.

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L’absinthe. Edgar Degas. Oleo sobre lienzo. 1876.

La absenta, que merecerá un post propio, fue el hada verde de la época, capaz de inspirar los peores delirios y las mejores inspiraciones. El propio Toulouse-Lautrec -alcohólico sin paliativos- solía consumirla en un explosivo cóctel llamado Tremblement de terre («Terremoto») en la que se combinaba con brandy. Una versión «algo» más domesticada de este cóctel aparece, ya en los años 30, en el Savoy cocktail book de Harry Craddock. Y las comillas son intencionadas porque la fórmula reza así (traduzco literalmente):

The earthquake cocktail (Terremoto)
1/3 ginebra
1/3 whisky
1/3 absenta
Agitar con hielo. Filtrar en un vaso.
Nota del editor: Llamado así porque de darse un terremoto cuando lo estés bebiendo, no importaría. ¡Este es un cóctel cuya potencia no debe tomarse a la ligera, o, ya que estamos, demasiado a menudo!

Ginraw, de Barcelona al mundo

IMG_2823 Hay que reconocerles a Roger Burgués y Lluís Jáuregui, creadores de Ginraw, que tienen olfato. Si en algo sigue siendo fuerte Barcelona es como marca de turismo gastronómico, pese a las luces y sombras de su modelo urbano. Y era raro que en una de las ciudades más bebedoras de gin tonic de cuantas hay en un país que se precia de haber redifinido un combinado que se antojaba tan inamovible como una pirámide egipcia no hubiera acabado de encontrar todavía la forma de asociar gastronomía y ginebra a su nombre. Existen, sí, otras candidatas al trono de la ginebra de Barcelona (como la BCN Gin, que luce las icónicas baldosas de la ciudad, la Port of Dragons/Port of Barcelona, vendida sobre todo en el extranjero, o la veterana Giró, quién se autodenomina así, aunque sin demasiada convicción, en su literatura promocional) pero Ginraw es la que apuesta de momento por ello con más fuerza.

Conscientes de que lo suyo son los negocios y no la destilación, reclutaron a un equipo de expertos en diferentes disciplinas que les ayudaran en el proceso de creación. Cuatro de los cinco miembros de este supergrupo estuvieron presentes en la puesta de largo del destilado, que tuvo lugar en el Doble, la coctelería underground (underground literalmente: está en el sótano) del restaurante L’Eggs, de Paco Pérez, en Barcelona.

Creadors-GINRAW

En sentido horario, comenzando por arriba a la izquierda: Roger Burgués, Javier Caballero, Lluís Jáuregui, Xano Saguer, Montserrat Mascaró y Rosendo Mateu.

Para asegurarse de que el resultado fuera satisfactorio a muy distintos niveles se contó con chef (Xano Saguer, fundador de Espai Sucre), un coctelero (Javier Caballero, quién además es el creador de la carta de cócteles del Doble), un sommelier (Sergi Figueras, Mejor Sommelier de España 2012), un maestro perfumista (Rosendo Mateu) y una maestra destiladora (Montserrat Mascaró, tercera generación al mandó de destilerías Mascaró). Para destilar la ginebra se optó por el clásico alambique de cobre para el enebro, y por la destilación a baja temperatura mediante el Rotaval para el resto de botánicos. El Rotaval, desarrollado a partir de un aparato de laboratorio por los hermanos Roca, parte de un principio similar al de la olla a presión pero aplicado a la destilación, con lo que se consigue que el alcohol pase a estado gaseoso a una temperatura inferior y así se conserven los aromas más frescos de los botánicos. No es la primera marca de ginebra destilada en frío –Oxley lo hace desde 2009- y muy probablemente tampoco sea la última, pero los primeros pasos de una tecnología nueva nunca son fáciles. Según comentó Mateu, en las reuniones tuvo que explicar a sus compañeros que «la suma de varios aromas no es una ciencia exacta», algo que, según Mascaró, «fue toda una experiencia nueva». La decisión también fue conceptual: se apostó sobre todo por botánicos mediterráneos (enebro, piel de limón y de cidra y la hoja de laurel proceden de la Península; la lima Kaffir, el cardomomo negro y las semilla de cilantro, no).

Ginraw frontal

¿Y en boca, que es lo importante? Ginraw es una ginebra de sabores muy limpios, donde los aromas cítricos y el enebro son los más evidentes, pero con un final ahumado, casi, casi similar al del whisky y con un punto de dulzura. El alcohol está bien integrado, porque pese a su volumen del 42,3% -en la franja alta de lo que es habitual en una ginebra- no se nota en boca. Además de la cata estricta, la probamos en forma de gin tónic (el perfect serve es con tónica Fever Tree y hoja de limonero, aunque, según admite Caballero «es más fácil encontrar en el mercado hoja de lima kaffir que hoja de limonero»). También la probamos en tres cócteles distintos: un Dry Martini ahumado, con una maceración de té Kombucha que le daba un giro bastante interesante, y en el que se sacaba partido de las notas balsámicas y ahumadas de la ginebra, un Pink Kiss, que pertenece a esa categoría de cócteles rosados y algo dulces que bueno… son rosados y algo dulces. Y un tercero, que es el que a mí más me gustó, un Gimlet by Ginraw, un gimlet en el que se sustituía la lima clásica por Falernum, el gran sirope utilizado en coctelería Tiki, pero en el que se había cambiado el clavo por el cardamomo. Un combinado a medio camino entre lo tropical y lo clásico que se volvía más interesante a cada trago.

De momento se han producido 5.000 botellas de Ginraw (su producción, remarcó Mateu, es estrictamente estacional para garantizar que el limón y la cidra se encuentren en su mejor momento) que se venderán a 47€.

Veredicto Una o dos copas: Una ginebra bien hecha y prometedora, aunque a un precio que comienza a picar.