Un verano muy seco (1)

No puedo beber*. Por razones médicas, tengo que pasarme una temporadita viviendo en plena enmienda Volstead particular, por lo que este verano estoy explorando el mundo de las bebidas sin alcohol. Sí, todos conocemos la importancia de tomar poco alcohol, de que en los bares se oferten tragos para seducir al cliente que no quiere o no puede tomarlo, y, en general, de promover el consumo responsable. Pero cuando la teoría se pone en práctica -como me pasa a mí ahora- una se da cuenta de que la oferta en cócteles sin alcohol y bebidas (más allá de los cuatro refrescos típicos) tiende a ser limitada. Bares con menús de coctelería muy elaborados que apenas cuentan con dos cócteles sin alcohol, restaurantes gastronómicos con bodegas cuidadísimas y una larga lista de cervezas, pero que no ofrecen siquiera un mal Bitter Kas…

De esta frustración, y de las pruebas, inventos, catas y descubrimientos que vaya haciendo este verano en mi cruzada por eliminar el tedio y la sed, os iré contando a través de una serie de posts, nacidos con la voluntad de dar algunas ideas a quienes desde el bar quieran mejorar su propuesta o desde casa quieran ir más allá de la simple botella de refresco.

La primera categoría en la que he estado haciendo pruebas es la de las aguas aromatizadas. Al fin y al cabo, los hidrolatos como Seedlip o MeMento, que han logrado crear toda una nueva categoría en el mercado, no dejan de ser una versión muy tecnificada de eso mismo. Para las mías, he utilizado una botella de agua con infusor de un litro, que compré en mi gimnasio, pero que también se puede encontrar en Amazon. Entiendo que su uso, para el entorno de un bar, es demasiado limitado en capacidad, por lo que habrá que sustituirla por la típica damajuana o bote cuyo contenido se colará más tarde (y que habrá que escalar las recetas en consecuencia). La que veis en la foto es un agua de coco con lemongrass, lima y menta.

Para hacerla utilicé:

500 ml de agua de coco

500 ml de agua

Una lima cortada a cuartos

Un tallo de lemongrass tallado a lo largo

Tres ramas de menta

La maceración duró 24 horas en nevera. Generalmente, ese es el tipo estándar que he dejado macerar mis aguas. En algunos casos está bien, en otros -sobre todo si hay albahaca de por medio- es demasiado. Hice también un “agua de gin basil smash” (comillas puestas con toda la intención) con cuatro bayas de enebro chafadas, un litro de agua, medio limón y cuatro hojas de albahaca.  Antes de servirla la corregí de dulzor con un dash de sirope simple (1:1 de agua y azúcar). Todas las aguas mejoran servidas on the rocks. Como la idea de hacer estas aguas es para mi uso y disfrute particular, y sobre todo si sólo llevan fruta o verduras, he vuelto a rellenar la botella una vez vacías (así, tuve doble ración de una de sandía y menta y otra de pepino y naranja).

Las aguas aromatizadas son el grado cero de la coctelería sin alcohol: lo más simple y sencillo que todo el mundo puede preparar. Eso no significa que sea lo único que se pueda hacer, pero eso os lo iré contando poco a poco en próximos posts.

*No puedo beber, pero eso no significa que no pueda probar, muy controladamente, un destilado o un cóctel ajeno. Así que no os extrañéis si sigo escribiendo sobre bebidas que lleven alcohol, lo que no puedo es disfrutar de ellas como me gustaría. ¡Paciencia!

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