Proyecto de fin de semana: cócteles con mermelada

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Soy una foto de gatos con un Omar Bradley. Internet ama a los gatos.

Mermelada, sí. Que está muy bien lo de los zumos recién exprimidos, los microdestilados y el pijerío variado, pero que en tu nevera tienes a diario un aliado que te alegra el día más tonto. Me pidió la buena gente de La Fageda (y quiero decir buena de verdad: es un proyecto modélico de integración laboral para discapacitados severos o personas con transtornos mentales, que os invito a conocer mejor) si quería probar las nuevas mermeladas que acaban de sacar y hacer un post en mi otro blog. No lo dudé ni un instante, y trasladé aquí la idea porque uno de los primeros cócteles que preparé en mi casa fue el Breakfast Martini, de Salvatore Calabrese, quien se inspiró en la clásica tostada con mermelada de naranja del desayuno y creó con ella un clásico.

Nuestro proyecto de este fin de semana, quizás no tan modélico, va a consistir en preparar cócteles con mermelada, para aprender a sacarle las posibilidades al producto. He elegido tres sabores de los que tiene La Fageda en la gama, pero que tampoco os costará NADA encontrar de otras marcas en cualquier súper. Vamos a hacer dos ejercicios:

Con el primero, el Omar Bradley, vamos a hacer algo muy sencillo, simplemente para entrenar: se trata prácticamente de un bourbon endulzado con mermelada. Cuenta la leyenda que el general Omar Bradley, quien fuera el máximo responsable de las tropas de tierra tras el Desembarco de Normandía era un gran aficionado a los Old Fashioned, pero que dadas las circunstancias (me da que los bares de Sainte-Mère-Église estaban cerrados), no le era fácil que alguien se lo mezclara con todo el ritual. Y de ahí se supone nació este sencillo y apetitoso cóctel. Como tantas otras historias de cócteles, si non è vero è ben trovato.

Omar Bradley

60 ml de bourbon

Una cucharadita de mermelada de naranja amarga

10 ml de limón

Un golpe de Angostura (yo lo puse de Chocolate Bitters porque si me das la ocasión mezclar chocolate y naranja amarga y no lo hago implosiona el universo).

Una cereza (a ser posible, de color no radioactivo) para decorar.

Llenar una coctelera con hielo. Añadir todos los ingredientes y agitar y filtrar dos veces en un vaso de Old Fashioned (vamos, el bajo de whisky de toda la vida).

El segundo experimento es algo más lóquer: vamos a preparar un cóctel con tomate que NO recuerde al Bloody Mary. Aquí emplearemos la técnica de macerar o machacar con una mano de mortero que se emplea en los Mojitos, pero que tampoco recuerde a ellos.

Not that Mary

Tres fresas.

45 mililitros de tequila blanco

Una cucharadita de mermelada de tomate

30 ml de zumo de limón

120 mililtros de sifón

Aplasta las fresas y la mermelada contra el fondo de un vaso Collins (es decir, un vaso de tubo ancho, que es el que tendrías que estar utilizando para servir los Gin Tonics y no esa vergüenza de la copa BalóABUELA LA PASTILLA DE LA TENSIÓN). Añade el tequila y el zumo de limón, y, sobre ellos, hielo picado. Remuévelo con una cuchara imperial (la del tirabuzón), añade más hielo picado si se ha asentado, y acaba de llenar con sifón.

Y ahora…. Repite el mismo cóctel pero cambiando mermelada de tomate por mermelada de fresas, y fresas frescas por tomates cherry. ¿Cómo cambia el sabor utilizando un ingrediente fresco y el otro cocido? ¿Cambiarías el tequila por alguna otra bebida (pista: vodka aromatizado con limón o ginebra pueden estar bien)? ¿Te atreves a crear tu algo a partir de aquí? Si lo haces, ¡no dejes de contárnoslo!

Vale, estoy listo para ir más allá del Gin Tonic, ¿y ahora qué?

Ellos ya han superado el Gin Tonic ¡y son más jóvenes que tú!

Hola, pequeño padawan. Llegado tú has hasta Dagobah para que el maestro Yoda te aconseje sobre cócteles distintos. La senda del Gin Tonic tentadora es, pero hacia el lado oscuro de la rutina y el postureo conduce (Nota: por amor a la claridad a partir de ahora vamos a suponer que Yoda conocía los rudimentos de la sintaxis y continuaremos este post normalmente). Vamos, que tienes curiosidad por probar cócteles nuevos, pero no sabes qué pedir cuando entras en un bar. Si cuentas con la suerte de tener un bartender de confianza, lo mejor es describirle tus gustos y muy probablemente él o ella te preparará una copa fantástica (sospecho que son telépatas). Sin embargo, si no conoces a la persona que está detrás de la barra, o el bar está lleno y no es viable enrollarte a explicarle qué te apetece, o te da corte, o quieres pedir con autoridad, no todo está perdido: para ti, con cariño, llega la guía de inicio rápido de los cócteles Una o dos copas. En el futuro escribiré sobre cada uno de estos combinados, pero considera esto una chuleta para tus primeras incursiones.

“Me gusta el Gin Tonic pero quiero ir más allá”. Si lo que te gusta del Gin Tonic es que se trata de un trago largo y refrescante, puedes pedir por ejemplo un Tom Collins: Ginebra, limón, azúcar y soda. El sabor amargo de la tónica se vuelve cítrico con el limón. Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para el bebedor de Gin Tonic.

“Yo quiero uno de ésos de las pelis, los del vaso de martini”. Ojocuidao, que posiblemente lo que tú quieras es un (Dry) Martini. Aquí te voy a pedir que confíes en mí y que si nunca has bebido cócteles NO comiences por él. Te lo justifico: el Dry Martini es un combinado muy fácil de hacer mal. Su receta es, en su inmensa mayoría, ginebra, sólo atemperada por una pequeña parte de vermú blanco. Ojo, que si se hace bien está muy rico, pero puede llegarte a parecer que no es más que un chupito de ginebra king size. Si quieres una bebida igualmente seca, pero algo más accesible, prueba con el Gimlet, combinación de lima y ginebra que le encantaba a Philip Marlowe.

“Lo mío es el whiskazo, perdona”. Vale, perdona tú. Lo que quieres es un trago de sentirte como un señor, algo que beber mientras, pongamos por caso, haces como que lees una novela del siglo XIX frente a una chimenea, ¿no? Pídete un Old Fashioned y saborea poco a poco su bourbon o su whisky de centeno ligeramente endulzados y aromatizados.

“¡Seño, seño, yo, yo, que conozco el Mojito! ¡Yo, yo!” Si alguna vez has pedido un mojito probablemente lo que te ha atraído de él sea su frescor y el punto herbal de la menta. Desplázate de Cuba a Brasil, cambia el ron por su prima la cachaça, y pide una Caipirinha (o una Caipiroska, de sabor más neutro porque se prepara con vodka) para seguir por la vía refrescante.

“He probado eso del Spritz, y oye, bien” o “yo soy de vermú (y quizás un poco hipster)” Amigo: tú estás necesitando un Americano. No uno cualquiera, sino el combinado que lleva Campari (que es algo así como la versión para adultos del Aperol), vermut rojo y soda. Pídete unos berberechos y unas patatas, agénciate un periódico y verás cómo vuelan las horas…

“Oye, ¿puede ser algo con sombrilitas y colorainas? ¡Quiero sentirme como si estuviera de vacaciones!” Claro que puede ser. Apuesta por un Mai Tai, uno de los grandes clásicos de la coctelería tiki. ¡No te dejes engañar por su aspecto! Los cócteles tiki son lobos con piel de cordero y debajo de las florecitas y el humo esconden una bomba de relojería.

“¿Y qué hay de Bloody Marys, White Russians, Cafés Irlandeses o cócteles con champán?” Aquí entraríamos en lo que yo llamo “coctelería para momentos especiales” o “coctelería con cláusulas”. El lugar natural de un Bloody Mary es un desayuno muy, muy tardío y algo resacoso. En ese mismo contexto no estarían mal algunos cócteles con champán (o cava o…) como el Mimosa (con naranja) o el Bellini (con melocotón), pero para qué te vamos a engañar, ¡las burbujas están para brindar! Si ése es el caso tira la casa por la ventana y haz chin chin por ejemplo con un French 75 (con ginebra y limón). Los White Russians, en cambio, son un tipo de combinado para disfrutar en sustitución o – si pesas 25 kilos- además del postre, un poco lo mismo que ocurre con el Café Irlandés y demás combinados calientes, que requieren una superficie estable donde servirse y una sobremesa agradable para disfrutarse.