Vale, estoy listo para ir más allá del Gin Tonic, ¿y ahora qué?

Ellos ya han superado el Gin Tonic ¡y son más jóvenes que tú!

Hola, pequeño padawan. Llegado tú has hasta Dagobah para que el maestro Yoda te aconseje sobre cócteles distintos. La senda del Gin Tonic tentadora es, pero hacia el lado oscuro de la rutina y el postureo conduce (Nota: por amor a la claridad a partir de ahora vamos a suponer que Yoda conocía los rudimentos de la sintaxis y continuaremos este post normalmente). Vamos, que tienes curiosidad por probar cócteles nuevos, pero no sabes qué pedir cuando entras en un bar. Si cuentas con la suerte de tener un bartender de confianza, lo mejor es describirle tus gustos y muy probablemente él o ella te preparará una copa fantástica (sospecho que son telépatas). Sin embargo, si no conoces a la persona que está detrás de la barra, o el bar está lleno y no es viable enrollarte a explicarle qué te apetece, o te da corte, o quieres pedir con autoridad, no todo está perdido: para ti, con cariño, llega la guía de inicio rápido de los cócteles Una o dos copas. En el futuro escribiré sobre cada uno de estos combinados, pero considera esto una chuleta para tus primeras incursiones.

“Me gusta el Gin Tonic pero quiero ir más allá”. Si lo que te gusta del Gin Tonic es que se trata de un trago largo y refrescante, puedes pedir por ejemplo un Tom Collins: Ginebra, limón, azúcar y soda. El sabor amargo de la tónica se vuelve cítrico con el limón. Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para el bebedor de Gin Tonic.

“Yo quiero uno de ésos de las pelis, los del vaso de martini”. Ojocuidao, que posiblemente lo que tú quieras es un (Dry) Martini. Aquí te voy a pedir que confíes en mí y que si nunca has bebido cócteles NO comiences por él. Te lo justifico: el Dry Martini es un combinado muy fácil de hacer mal. Su receta es, en su inmensa mayoría, ginebra, sólo atemperada por una pequeña parte de vermú blanco. Ojo, que si se hace bien está muy rico, pero puede llegarte a parecer que no es más que un chupito de ginebra king size. Si quieres una bebida igualmente seca, pero algo más accesible, prueba con el Gimlet, combinación de lima y ginebra que le encantaba a Philip Marlowe.

“Lo mío es el whiskazo, perdona”. Vale, perdona tú. Lo que quieres es un trago de sentirte como un señor, algo que beber mientras, pongamos por caso, haces como que lees una novela del siglo XIX frente a una chimenea, ¿no? Pídete un Old Fashioned y saborea poco a poco su bourbon o su whisky de centeno ligeramente endulzados y aromatizados.

“¡Seño, seño, yo, yo, que conozco el Mojito! ¡Yo, yo!” Si alguna vez has pedido un mojito probablemente lo que te ha atraído de él sea su frescor y el punto herbal de la menta. Desplázate de Cuba a Brasil, cambia el ron por su prima la cachaça, y pide una Caipirinha (o una Caipiroska, de sabor más neutro porque se prepara con vodka) para seguir por la vía refrescante.

“He probado eso del Spritz, y oye, bien” o “yo soy de vermú (y quizás un poco hipster)” Amigo: tú estás necesitando un Americano. No uno cualquiera, sino el combinado que lleva Campari (que es algo así como la versión para adultos del Aperol), vermut rojo y soda. Pídete unos berberechos y unas patatas, agénciate un periódico y verás cómo vuelan las horas…

“Oye, ¿puede ser algo con sombrilitas y colorainas? ¡Quiero sentirme como si estuviera de vacaciones!” Claro que puede ser. Apuesta por un Mai Tai, uno de los grandes clásicos de la coctelería tiki. ¡No te dejes engañar por su aspecto! Los cócteles tiki son lobos con piel de cordero y debajo de las florecitas y el humo esconden una bomba de relojería.

“¿Y qué hay de Bloody Marys, White Russians, Cafés Irlandeses o cócteles con champán?” Aquí entraríamos en lo que yo llamo “coctelería para momentos especiales” o “coctelería con cláusulas”. El lugar natural de un Bloody Mary es un desayuno muy, muy tardío y algo resacoso. En ese mismo contexto no estarían mal algunos cócteles con champán (o cava o…) como el Mimosa (con naranja) o el Bellini (con melocotón), pero para qué te vamos a engañar, ¡las burbujas están para brindar! Si ése es el caso tira la casa por la ventana y haz chin chin por ejemplo con un French 75 (con ginebra y limón). Los White Russians, en cambio, son un tipo de combinado para disfrutar en sustitución o – si pesas 25 kilos- además del postre, un poco lo mismo que ocurre con el Café Irlandés y demás combinados calientes, que requieren una superficie estable donde servirse y una sobremesa agradable para disfrutarse.

Receta: Apparent sour

Uno de los problemas más frecuentes de la coctelería casera es qué hacer con los licores llamémosles “secundarios”. Si tienes ginebra, le echas tónica. ¿Ron? A buscar menta y limas al súper. ¡Y el vermut va con todo! Aunque ni el gin tonic, ni el mojito, ni el vermut con sifón serían quizás los cócteles más imaginativos del universo, oye, pues bien preparados, lo ricos que están. Pero ¿qué hacer con esas cosas algo más raras que hemos comprado por impulso o nos hemos traído de un viaje? Del cóctel de hoy me gusta que utiliza dos de esos ingredientes menos frecuentes (aunque tampoco tan infrecuentes como para no estar en ningún mueble bar casero), el Aperol y el St. Germain. Me gusta también que es un cóctel muy aromático con dos sabores contrastados, y de bajo contenido alcohólico. La versión original, que saqué del libro The art of the shim. Low-Alcohol cocktails to keep you level, aún fue rebajada más por mí cuando decidí sustituir por sirope de saúco el St. Germain tras cierto incidente algo gore con una botella que se negaba a abrirse. Tirita en el dedo mediante, mi pérdida de dignidad quedó olvidada gracias a la belleza de este combinado. Además, por pura carambola tenía en la nevera la ramita de romero que lleva como decoración y que hace las veces de removedor perfumado. Un cóctel elegante, fresco, y como su nombre indica, de lo más aparente: todo un éxito.

Apparent sour

20 ml de zumo de lima

20 ml de Sant Germain o 10 ml de sirope de saúco

60 ml de Aperol

Una ramita de romero para decorar

Enfría un vaso de cóctel con hielo. Llena una coctelera con cubitos hasta unos dos tercios de su capacidad, y añade los ingredientes en el orden listado. Agítala hasta que notes el metal bien frío (unos quince segundos, con cierto garbo). Filtra el contenido en el vaso (a ser posible a través de un colador fino para que no queden molestas esquirlas de hielo) y decóralo con el romero.