Resultado sorteo Beeafeater Crown Jewel

Y el afortunado es…

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…es decir, el usuario Ikersana, quien nos dejó el tercer comentario en el blog, en el que nos proponía hacer algo al estilo DiberXO. Pues nada, muchas felicidades. Tienes en tu correo un mail pidiéndote la dirección para que te manden la botella. ¡Y ya nos contarás qué tal!

 

Sorteo: Beefeater Crown Jewel

FOTO CROWN JEWEL

“¿Quieres sortear una botella de Beefeater Crown Jewel en tu blog?” me preguntaron un día desde la agencia de comunicación de la marca. Y yo, que quiero mucho a mis lectores y tengo vocación de abuela (si las abuelas en lugar de croquetas te sirvieran destilados, se entiende) acepté la invitación. La Beefeater Crown Jewel es la reedición superlimitada que ha hecho Beefeater de la ginebra del mismo nombre que produjera de 1993 a 2009.

La marca destaca su versatilidad en coctelería, pero yo la he probado en dos ocasiones, una en gin tonic y la otra catándola, primero en seco y luego con la adición de unas gotas de agua, y es un destilado que no necesita mucho disfraz. Tiene una graduación alcohólica de 50º, que no es inmediatamente evidente ni el aroma ni el paso por boca -muy sedoso- pero que estructura muy bien los aromas, entre los que destaca el clásico enebro de una London Dry canónica, pero matizado por toques cítricos, y en especial el de pomelo.

En esta reedición han llegado a España sólo 400 unidades, todas ellas numeradas, de las que podéis conseguir una. ¿Y cómo? Pues en dos sencillos pasos:

  • Hacerse fan de la página de Una o dos copas en Facebook (aunque sé que todos ya lo sois, ¿verdad?, ¿verdad?, ¿verdad?).
  • Contarnos en los comentarios de este post -¡NO en Facebook!- qué cóctel prepararíais con ella. Puede ser un clásico o una creación original. No hace falta la receta, pero sí un pequeño comentario de por qué habéis elegido el que habéis elegido.

Para participar tenéis que ser mayores de 18 años y residentes en España, y tenéis de tiempo de responder hasta el lunes 11, a las 23:59. Entre los que contestéis sortearemos la botella de Beefeater Crown Jewel y la agencia os la hará llegar a vuestro domicilio.

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Nota legal y de transparencia: No he recibido ninguna compensación por parte de Beefeater o sus empresas asociadas por la publicación de este sorteo, si bien sí he recibido una botella de Beefeater Crown Jewel a fin de reseñarla, con plena libertad para escribir del producto lo que me pareciera. Este sorteo no supone ninguna obligación contractual entre mis lectores y yo, puesto que sólo actúo como mera difusora del mismo.

Eventos: The art room by Bombay Sapphire en Barcelona

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Ayer estuve en la fiesta de inauguración de The art room, una inmensa instalación/bar/obra de arte/ que convierte hoy y mañana el Convent dels Àngels de Barcelona en un espacio distinto, teñido por la visión artística de bartenders, músicos, artistas visuales y diseñadores, y por el icónico color zafiro de la marca, muy presente en todas las propuestas.

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Aunque la instalación es vistosa y estimulante, aquí el mayor de los atractivos, como es de prever, radica en los cócteles. Entre otras cosas porque han contado con el asesoramiento de un auténtico dream team (¿o debiera llamarle drink team?) de profesionales, encabezados por Marc Álvarez (del grupo El Barri, es decir, los restaurantes de los hermanos Adrià e Iglesias), con trabajos de Alberto Pizarro, de Bobby Gin, Sergio Padilla, de Boca Chica, Miguel Palau, de Ocaña; Giacomo Gianotti, de Paradiso, Miguel Pérez y Alfredo Pernía, de Solange y el equipo creativo de Dr. Lagarto. Una oportunidad única para poderlo pasar bien comparando el enfoque de una selección -exclusivamente masculina, eso sí- de profesionales imposible de reunir habitualmente detrás de una misma barra, aunque sea por poderes.

Todos estos cócteles pueden degustarse durante el horario de apertura el público de The art room, hoy viernes y mañana sábado de 17 a 02 horas, y hasta el 24 de abril cada combinado estará presente en el establecimiento de su creador.

Tendencias: cócteles artesanos (presentación Cocktailsperquesi)

¿Qué demonios es un cóctel artesano? En el espinoso jardín de responderse esta pregunta se ha metido hace poco mi amigo Mauri Jiménez. Os hablé ya de él cuando escribía acerca de la fiesta de presentación de este blog -cómo pasa el tiempo, un año atrás-, y hace muy poco ha renovado la imagen, la web y el enfoque mismo de su empresa, Cocktailsperquèsí, que se dedica a catering, formación y consultoría de cócteles.

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Con esta pregunta en la cabeza, los últimos meses sé que ha ido trabajando sobre la idea de las bebidas artesanas, mientras se formulaba muchas preguntas sobre el futuro de la coctelería, la forma de crear una carta de cócteles o de qué buscan los clientes de los bares. Y si afirmo que lo sé no es por telepatía ni por investigación periodística, sino porque he tenido la suerte de ser una de las varias personas con las que estuvo discutiendo todos estos temas, lo que me ha hecho plantearme a mí también el quo vadis del sector. Su visión se ha concretado en un interesante decálogo sobre qué son los cócteles artesanos y en una didáctica carta-infografía que informa al primer golpe de visita del mapa de sabores de toda su oferta.

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Todo esto nos lo contó recientemente el propio Mauri en una fiesta en el Bitter Bar de Barcelona (uno de mis lugares favoritos en los que beber, últimamente), durante la que pudimos crear algunas de las creaciones de la carta nueva. Mi favorita, y creo que la de muchos, fue el Mahón Sour que encabeza este texto, pero había muchas más, que ilustraban distintas tendencias actuales (bajos en alcohol, envejecidos en barrica, para compartir…). Si queréis descubrirlas, visitad su bonita y cálida nueva web, o, mejor aún, pedidle que os monte la barra en vuestra próxima fiesta. Disfrutaréis de los cócteles, que es el verdadero “porque sí” de tomarlos.

Post invitado: Otro San Francisco es posible, por Miquel Hudin

Eh, si los bartenders hacen guestbartendings, los periodistas y blogueros hacemos guest posts. O lo que es lo mismo: aunque tengamos fama de ser fieras competitivas, colaboramos los unos con los otros escribiendo textos para las bitácoras de amigos. Miquel Hudin es un periodista de California que vive en Cataluña y escriba en su blog en inglés, Wine on VI sobre el mundo de vino. Un día, hablando de destilados y cócteles, me comentó su horror infinito al descubrir que San Francisco, su patria chica, era también el nombre un pseudomocktail marrano de gran predicamento en la España de la transición y los ochenta. Y de esa conversación nació este post suyo, con el que reivindica que otro cóctel San Francisco -más acorde al temperamento de la ciudad- es posible.

De RyanJWilmot - CC BY-SA 4.0, Fuente: Wikipedia

De RyanJWilmot – CC BY-SA 4.0, Fuente: Wikipedia

 

The San Francisco

No era una oscura y tormentosa noche, eran las cuatro de la madrugada en el Raval de Barcelona. La noche había sido larga y regada con abundante alcohol. Lo que había empezado con una botella de vino compartida con un amigo y su pareja se convirtió en horas de Manhattans, Boulevardiers, Sazeracs y otras variadas excusas para beber whiskey—como si uno necesitara excusa alguna para beber el único alcohol que América realmente sabe hacer bien.

Empezamos en el Eixample, continuamos en el Gòtic, volvimos al Eixample por alguna razón que ya no recuerdo, subimos a Gràcia, luego bajamos de nuevo al Raval, todo el rato siguiendo una supuesta ruta de las mejores coctelerías de la ciudad. Francamente, con el panorama coctelero tan poco extenso me sorprende que nos tomara más de seis horas. En un momento dado, mientras dábamos tumbos buscando el mítico bar Boadas, sin éxito ya que no nos dimos cuenta que estábamos en la calle Joaquim Costa, vi un cartel anunciando el cóctel San Francisco. Los ingredientes: zumo de naranja, piña y melocotón con una pizca de granadina. “¿Pero qué coño es esto?”, mi nublada mente protestó.

Aunque técnicamente no soy de San Francisco, viví tantos años allí que es como si lo fuera y puedo afirmar sin duda alguna que a los San Franciscanos les encanta el alcohol. Una mezcla de zumos de frutas como aquella ponía en ridículo a la ciudad más alcohólica de la Costa Oeste, tal vez de todos los Estados Unidos. Y es que un cóctel digno de llamarse San Francisco sería el equivalente líquido de una patada en los cojones cuando menos te lo esperas, sería un tipo que te roba la novia y te envía fotos de ellos dos en pelotas en la cama. Por Sam Spade y Harry el Sucio, el San Francisco no sería el acompañamiento ideal para un brunch cuqui de domingo. Por más que a los San Franciscanos les encante el brunch, es un error tan grande como llamar “Frisco” a la ciudad.

Una vez vi un cóctel llamado San Francisco, pero no era un cóctel clásico como el Manhattan porque San Francisco no es así. Los clásicos son para los capullos y para Los Angeles. El cóctel en cuestión tenía vermut dulce y seco, ginebra y bitters, agitado. No es un cóctel que te vaya a convertir de repente en un hombre de verdad, pero en todo caso se acerca mucho más a lo que es San Francisco que el aguachirri de frutas que se inventaron en Barcelona para ligar con las suecas. ¿Y por qué decidieron llamarlo San Francisco? Probablemente porque sonaba lejano y exótico. Pero aunque San Francisco está lejos de cojones de exótico no tiene nada, a menos que consideremos informáticos veinteañeros de Ohio como algo exótico.

Así que, por favor, si queréis tomar un San Francisco que haga honor a su nombre vais a necesitar algo fuerte como un puñetazo, que raspe la garganta y que refleje las contradicciones, suciedad y desastre moral de esta ciudad a la vez suave y repelente. Algo que diga, acabo de ver un mendigo cagar entre dos coches y no me ha sorprendido para nada.

Ahí va mi sugerencia: 60ml de ginebra, una cucharita de azúcar, el zumo de media lima y una guindilla picante (escoge la variedad que tu paladar pueda soportar). ¿Te suena a un Gimlet de demonios? Pues sí, y las mezclas de frutas que se vayan al carajo.

Sherezade’s tale, un cóctel de especies y palabras para Opihr

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Sherezade sabía que sólo su ingenio podía salvarla. Al alba,el sultán mataba a todas sus esposas, porque sólo creía en el acero y la sangre. “Señor”, dijo ella, “antes de dormir dejad que os cuente una historia. Y mientras, bebamos una secreta combinación que sólo yo conozco…”

Buscando documentación para preparar mi cóctel del concurso de Opihr Oriental spiced gin me di cuenta de que las rutas comerciales que traían pimienta, jengibre y clavo también hacían fluir algo intangible pero mágico, como son las palabras. De la India, de África, y más tarde también de América nos llegaban, además de aromas y sabores delicados, la cultura y las historias de tierras lejanas. No es difícil imaginar cómo en tiendas y tabernas a la luz de las velas, o bajo la luz de las estrellas en el patio de un caravanserai en el desierto, mientras el aire transportaba el olor de la canela o la pimienta, los mercaderes de especies se entretenían contándose las historias que habían oído en su camino. Narraciones sobre genios que salían de una lámpara, leyendas como la de Sinbad el marino, o cuentos sobre un  chico pobre que encuentra la cueva en la que esconden su tesoro cuarenta ladrones.

Por eso he querido beber con mi cóctel de esas historias de la Ruta de las Especies, y del poder que tienen las palabras para salvarnos, haciéndonos soñar con los ojos abiertos durante mil y una noches… El Sherezade’s tale, la historia de Sherezade, es también un homenaje a las mujeres que viven en las tierras que antaño conformaban la Ruta, y que a menudo sólo cuentan con su ingenio para salvarse de un presente lleno de acero y sangre.

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Scherezade y el sultán Schariar – Ferdinand Keller – Fuente: Wikipedia

Técnicamente, la base del Sherezade’s tale es un tradicional postre indio, el kulfi, que frecuentemente se prepara con cardamomo –la nota aromática más destacada de Opihr-, rosas, coco o pistacho. Son ingredientes que también encontramos en otras gastronomías de la Ruta, como la turca, la persa y las del Maghreb, y que he complementado con brandy de albaricoque para reforzar la nota a frutos secos. La idea era hacer un cóctel de postre que sirviera como colofón a una comida asiática o de Oriente Medio. Pese a que utilizo mermelada y agua de rosas, la cantidad es tan pequeña en ambos casos que la flor sólo es un fantasma aromático: el espejismo de un pasado de leyenda que, sin embargo, sigue vivo en nuestra imaginación.

Por cierto que, originalmente, este cóctel se llamaba Sherezade a secas, pero tal y como me indica el barman Joaquín Grau Santonja él creó uno del mismo nombre en 1961, que además fue galardonado en un concurso nacional de coctelería en Venezuela. Y como no es plan de crear confusiones ni versiones, le cambio ligeramente el nombre al mío y ya de paso homenajeo con ello a una de mis novelas preferidas, que al mismo tiempo también tiene paralelismos con la historia de Sherezade: The handmaid’s tale, de Margaret Atwood.

 

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La decoración está hecha con pétalos de rosa seca comestible machacados (se suelen vender en tiendas de té a granel) pero puede simplificarse con un anís estrellado o un borde de pistachos o piel de lima picados. Cada una de estas decoraciones cambiará ligeramente la nota aromática del cóctel. Para documentarme acerca de la ruta de las especies me basé fundamentalmente en dos libros que recomiendo: An Edible History of Humanity de Tom Standage y The Spice Route: A History de John Kay (que además es el que sale en la foto).

Sherezade’s tale

60 ml de leche de coco (ojo ¡no crema; leche!)

30 ml de Opihr Oriental spiced gin

20 ml de apricot brandy

10 ml de sirope simple

Un cucharada de bar colmada de mermelada de rosas

Unas gotas de agua de rosas

Pétalos de rosa secos, para la decoración

Enfriar la copa, y escarchar la mitad del borde -para que la decoración no moleste al beber- mojando la copa en leche de coco y luego en los pétalos de rosa machacados. Poner la ginebra, el apricot brandy y la mermelada de rosas en la coctelera, y removerlos con la cuchara imperial. Añadir hielo y la leche de coco, y batir con fuerza. Servirlo colándolo dos veces (para que no quede pulpa de la mermelada), vigilando para no deshacer la decoración. Atomizar con agua de rosas justo en el momento de servirlo.

Bonus track: 1001 nights martini

Haciendo experimentos con la mermelada de rosas, recordé el celebérrimo Breakfast martini de Salvatore Calabrese, que utiliza como base la mermelada de naranja. Ni corta ni perezosa hice una adaptación que comparto con vosotros. Me gustó tanto que estuve dudando seriamente si presentarla en lugar del Sherezade’s tale, pero es un cóctel que poco o nada tiene que ver con la ruta de las especies. Eso sí, no estaría nada fuera de lugar en un bar chic del multicultural East End de Londres.

50 ml de Ophir

15 ml de St. Germain

15 ml de zumo de limón

Una cucharada de bar colmada de mermelada de rosas

Twist de limón para decorar

Poner la mermelada y el resto de ingredientes en la coctelera, y removerlos con la cuchara para desleír la confitura. Añadir hielo, batir bien y colar en una copa enfriada. Decorar con el twist de limón.

Concursos: The gin collection

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No es ningún secreto que una de las estrategias de marketing más populares en el mundo de la coctelería y los destilados es la convocatoria de concursos. Las competiciones proliferan y es lógico: a las marcas les permiten llamar la atención sobre sus productos sorteando las restricciones legales a la publicidad de alcohol, y a los bartenders les sirven de plataforma de promoción. Es en este contexto que me llega la información y la propuesta de la gente de The gin collection. ¿Qué la hace diferente a otros concursos? En primer lugar, se trata de una convocatoria doble. Por una parte, se nos ha pedido a un grupo de blogueros y periodistas si queríamos participar en una competición entre no profesionales en la que crearemos una receta con una de las ginebras de la cartera de la marca. Como aún no me veo preparada para acudir a concursos en vivo y en directo (estamous trabahando en ellou), me parece una idea fantástica para ir poniendo a prueba mis habilidades de bartender. Algo así como comenzar a montar en bici con ruedecitas pequeñas a los lados, pero en versión coctelera. A mí me han asignado la ginebra Opihr, sobre la que tengo que crear un combinado inspirado por la ruta de las especies. Esto me supuso en principio una pequeña decepción, porque tenía algunas ideas para trabajarlas con otra de las ginebras de The gin collection, la Bloom. Sin embargo, ahora me parece un reto de lo más apetecible porque me hará salir de mi diminuta zona de confort.

En cuanto a la versión profesional del concurso ¿qué hay que saber? Que estáis aún a tiempo de presentar vuestras recetas a través de este formulario, que los miembros del jurado son Tupac Kirby, George Restrepo y Carlos Moreno, y que los finalistas deberán improvisar un cóctel con la ginebra que se les asigne en la final que tendrá lugar en Madrid el día 15 de marzo. ¿Os animáis? ¡Yo ya lo he hecho!

Noticias breves: Christmas day Bacardí

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La Casa Bacardí, el museo que la marca dedica a la figura de Facundo Bacardí en Sitges, celebra su particular fiesta de Navidad este domingo con una jornada “Christmas day” en la que los visitantes podrán degustar algunos de los cócteles de ron más conocidos, como el Mojito, el Daiquirí o el Cuba libre, así como un icono en la historia de la marca, el Old Cuban. Durante todo el domingo la antigua sede del mercado de Sitges ofrecerá estos combinados a un precio reducido de 5€, y durante el día la entrada al museo será gratuita.

Recordad que podéis hacernos llegar vuestras convocatorias y notas de prensa a unaodoscopas (arroba) gmail (punto) com.

 

Eventos: Zacapa room Barcelona

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El títular es simple: Zacapa presenta su Zacapa room Barcelona para dar a conocer en catas y cenas su producto. Sencillo, ¿no? Permitidme una pequeña reflexión sobre por qué esto es un motivo de celebración.

Las marcas de destilados suelen quejarse de que no tienen muchas ocasiones de publicitar su producto al consumidor final a causa de las restricciones legales a la publicidad de alcohol. Algunas de ellas ponen todo el esfuerzo en seducir únicamente a los bartenders, con la idea de que son los prescriptores que al final les ayudarán a vender. Se organizan concursos, saraos y promociones de los que nunca oirás hablar -a veces, reservados incluso sólo para cuatro “elegidos para la gloria”- y se olvida que ahí fuera hay una comunidad de gente que además de pagar dinero por las copas tiene ganas de saber más.

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Otras, por suerte, entienden que los clientes son la pieza más importante de un bar, puesto que al final son ellos quienes eligen en qué se gastan el dinero. Y como las limitaciones legales no permiten hacer publicidad directa, tienen que oh, redoble de tambor, explicar lo que venden. Dicho de otro modo: que los aficionados a la bebida de graduación deberíamos estar de hecho agradecidos porque estas limitaciones han hecho que las marcas monten eventos de cara al público en general que dan a conocerseducen con sus productos, haciendo un esfuerzo por comunicar sus particularidades, en lugar de simplemente vendérnoslos sólo emocionalmente. Uno de estos eventos es la serie de actividades que engloba la Zacapa room, una serie de catas y cenas que organiza la marca de ron guatemalteca, de la que ya he hablado en algún momento.

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En un establecimiento de esplendor de la vieja escuela, el Cotton House Hotel, que fuera sede del antiguo gremio de algodoneros de Barcelona y ahora redecorado en un adecuado estilo neocolonial por el ubicuo Lázaro Rosa-Violán, un grupo de afortunados pudimos asistir a la previa. Fue en una comida cocinada por la chef María Marte, del Club Allard de Madrid. Uno de los postres de Marte forma parte del maridaje que acompañará a las catas y talleres de coctelería a los que os podéis apuntar gratuitamente a través de la página en FB de Zacapa Room o en el mail reservas@zacaparoom.es. Las actividades tendrán lugar hasta el día 23, y teniendo en cuenta que están abiertas a todo el mundo y son gratuitas, haríais muy mal en dejar pasar la ocasión.