Mad men: beberse la vida hasta el final

SPOILERS POR UN (VASO DE) TUBO Y DIVAGACIONES VARIAS SOBRE (LAS BEBIDAS DE) LA SERIE

“No puede ser casualidad”, pensé. Los primeros planos de Mad Men son de un Old Fashioned. Y el último capítulo, emitido el domingo en Estados Unidos, terminaba con un anuncio de Coca-cola. La odisea de Don Draper y sus compañeros de agencia comenzaba en un bar lleno de humo, con Don haciendo un solitario brainstorming y terminaba a plena luz del sol con -quizás- una epifanía que desembocaba en uno de los spots más icónicos de la historia de la publicidad: “Hilltop”, o, cómo se lo conoció por estos lares “Al mundo entero quiero dar un mensaje de paz”. En medio habían transcurrido siete temporadas, unos diez años en tiempo de ficción, en los que el alcohol había sido un personaje más. Yo misma escribí sobre ello para Culture Cocktails, y no soy ni mucho menos la única. Se ha hablado mucho ya sobre la evolución de la coctelería que retrata la serie, de cómo ésta refleja los cambiantes hábitos de consumo, el auge de los clásicos y su posterior decadencia, así de la influencia cultural que ha tenido la serie sobre los aficionades a los cócteles de hoy en día. Su papel en el revival del Old Fashioned es innegable, y la propia cadena AMC capitalizó este interés a través de su web y una aplicación.

Pero Mad Men ha adoptado una actitud poco complaciente hacia el alcohol. Las copas no han servido sólo para caracterizar personajes o situaciones (Peggy pidiendo un Brandy Alexander en una cita, el Blue Lagoon de las vacaciones en Hawai de Don y Megan), sino que han servido como elemento dramático (el accidente con el cortacésped, el alcoholismo de más de un personaje) y, más aún, han servido de metáfora de la gran pregunta que se plantea la serie: ¿cómo aceptarse a uno mismo y encontrar la felicidad? Entre los three martini lunches de Draper y Sterling y su patetismo borracho hay una línea muy fina. El capitalismo propone que definamos nuestra identidad a través de nuestros hábitos de consumo. Y allá donde al principio de la serie se bebe artesanalmente, copas preparadas una a una por un barman, que a menudo adormecen al tiempo que inspiran, al final de Mad Men triunfan las cervezas bajas en calorías y un refresco universal (=impersonal) que proporciona falsa sensación de lucidez. O, como se dirá en apenas unos años, sensación de vivir.

 

 

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